Clara y Elena salen agobiadas de la nube de humo. No saben si solo agobiadas por el humo o por el perrito faldero que no recuerda el nombre de su dueña, o por los inteligentes que preguntan si haces cola cuando estás en una cola, o por los codazos y golpes que están recibiendo.
Y justo entonces ven el bus pasar por delante de sus narices, lo cual significa media hora sentadas en la acera, la mitad de ese tiempo buscando un mechero en el bolso y la otra mitad hablando (incluso despotricando, a veces) de ciertos personajes del fondo norte y el fondo sur.
Pero por fin llega el bus. Y que emoción qué alboroto (otro perrito piloto) que a la siguiente parada suben un grupo de chicos un tanto extraños (porque no encuentro adjetivo adecuado para describirles):
-Una sardina -una sardinaaa
-Dos sardinas -doos sardinaaas
Y así hasta acabar la canción y volver a empezarla y versionarla y, sobretodo, desafinar.
Y continuan el trayecto con canciones de misa, esas que cantábamos de pequeñas (y no tan pequeñas) en el cole (es lo que tiene haber estudiado en un colegio de monjas):
-sí, bueno, esto ha quedado un poco fuera de lugar.
Otro grupo de chicos empieza a hacerle los coros a nuestro gran cantante, una pareja se muere por llegar a su destino porque no soportan un segund más esos ruidos, un chico llama por teléfono a alguien solo para decirle 'mira escucha esto' porque está un cuarto de hora sin decir nada. Y Clara y Elena, sentadas en la última fila, se descojonan.
- Y ahora la canción tradicional de Catalunya que todos juntos vamos a cantar:
Sooool soooolet vine'm a veureeee vine'm a veeeeure...
Y Clara y Elena siguen descojonándose hasta no poder más.
Y llega el bus hasta una parada donde todos se bajan, sea su parada o no, Elena incluida (pero es que es su parada), y deciden seguir la fiesta tradicional catalana que han empezado, pero Clara sigue su camino en autobús, porque le quedan algunas paradas y al día siguiente tiene cosas que hacer...